Nuestros Espacios

Donde cada rincón cuenta una historia

El Convento de Lillo no es solo un lugar donde alojarse: es un viaje a través del tiempo. Sus muros centenarios guardan secretos, sus estancias respiran historia, y cada espacio ha sido restaurado con mimo para conservar su esencia original sin renunciar al confort actual.

Desde antiguas celdas reconvertidas en habitaciones llenas de encanto, hasta misteriosas cuevas subterráneas, patios silenciosos y salones con sabor a otro siglo… cada rincón está diseñado para ser vivido, sentido y recordado.

En esta sección te invitamos a descubrir los espacios que conforman el alma del convento: singulares, versátiles y llenos de posibilidades para quienes buscan algo más que un simple alojamiento.

La Cueva de Ali Babá

Un espacio oculto entre piedra y leyenda

Bajo los muros centenarios del convento se esconde un rincón con alma propia: la Cueva de Alí Babá. Un espacio subterráneo cargado de historia, con techos abovedados, piedra viva y una atmósfera tan envolvente como misteriosa.

Antiguamente utilizada como cárcel, la cueva conserva en sus muros el eco de los secretos mejor guardados. Una de sus particularidades más enigmáticas es la existencia de una ruta subterránea secreta, hoy inaccesible, que según cuentan, conectaba con el exterior como vía de escape o de contrabando. Nadie sabe con certeza adónde conducía… y quizás sea mejor así.

Hoy, este enclave único será el escenario de experiencias temáticas, juegos inmersivos, cenas privadas y encuentros íntimos con sabor a historia. Aquí lo extraordinario no se recrea, se revive.

¿Estás preparado para descubrir qué se oculta tras las paredes del pasado?


La Taberna de Cervantes

Donde las letras se brindan y el vino se cuenta

Con muros de ladrillo visto, arcos de medio punto y decoración inspirada en El Quijote, esta taberna es un rincón con alma manchega que rinde homenaje al genio de Miguel de Cervantes y a la tradición literaria y popular de Castilla.

En La Taberna de Cervantes podrás tomar algo en un ambiente relajado y con historia, organizar picoteos informales, encuentros sociales, pequeñas celebraciones o simplemente disfrutar de una copa entre barricas, versos y azulejos que narran hazañas imposibles.

Con capacidad flexible y servicio adaptado a cada ocasión, esta taberna es ideal para eventos privados, reuniones distendidas o incluso como antesala a una noche diferente dentro del convento.

Porque aquí, la imaginación también se sirve en copa.


El Patio del Silencio

Un rincón para parar el tiempo

En el corazón del convento se abre este pequeño oasis de calma, donde la piedra antigua, las plantas y la luz se abrazan en perfecta armonía. El patio central, con sus arcos de medio punto y sus cuatro mesitas de forja, es el lugar ideal para detener el ritmo del día.

Aquí puedes tomar un café o un té con calma, leer un libro entre muros centenarios, dejar que el canto de los pájaros te envuelva o simplemente disfrutar del aire templado y la serenidad del entorno.

Un espacio íntimo, acogedor y lleno de encanto, pensado para los que saben que el verdadero lujo está en lo sencillo.


El Salón de los Ilustres Jugadores

Entre nobles bestias y partidas infinitas

En esta sala del convento el tiempo se detiene entre jugadas y risas. Un espacio acogedor y singular, pensado para quienes disfrutan de los pequeños placeres: una partida de ajedrez, una tarde de parchís o un buen libro entre amigos.

La estancia está presidida por cuadros de animales retratados como duques, condes y marqueses —gatos altivos, leones solemnes, perros elegantes y simios pensativos— que observan con dignidad cada movimiento desde las paredes, decoradas con un papel pintado de rayas azul y blanco que aporta calidez y carácter.

Las mesas de madera cuadradas y las sillas tipo director de cine invitan a sentarse sin prisa. Aquí se puede jugar, conversar o simplemente disfrutar de un entorno lleno de encanto, donde el silencio solo lo rompe el sonido de una ficha avanzando casilla a casilla.

Una sala para desconectar, compartir y redescubrir el placer del juego clásico.


El Altillo de las Artes

Donde el pasado se abre al presente

Bajo la luz natural que entra por sus balcones, con techos altos, suelos de barro cocido y la calma que solo ofrece un antiguo convento, El Altillo de las Artes se presenta como un espacio versátil y lleno de posibilidades.

Concebido para acoger eventos culturales, presentaciones, conciertos íntimos, karaokes, talleres, exposiciones o celebraciones privadas, este salón combina la sobriedad de la arquitectura tradicional con las prestaciones necesarias para el uso contemporáneo: pantalla de gran formato, sistema de sonido, iluminación cálida y mobiliario flexible.

Cada actividad encuentra aquí su lugar. Desde una copa tras una jornada hasta una conferencia, una lectura dramatizada o una noche de música, el Claustro de las Artes es ese rincón del convento donde la vida y la creatividad toman la palabra.

Un escenario noble para experiencias vivas.


El Salón de las Velas

Luz cálida, silencio y encuentros con alma

En el corazón del convento, envuelta en luz tenue y aromas evocadores, se encuentra El Salón de las Velas, un espacio donde el tiempo parece detenerse. Las paredes color terracota y las lámparas suspendidas del techo se funden con la cálida presencia de decenas de velas que, sin llama pero con alma, iluminan cada rincón con una serenidad casi monacal.

Aquí, las mesas se visten para la ocasión, y cada cena se transforma en una experiencia sensorial: entre reflejos dorados, conversaciones pausadas y el eco suave del pasado. Un espacio perfecto para celebraciones íntimas, cenas con encanto o momentos que merecen una luz especial.


La Galería del Claustro

Un paseo entre arcos, historia y encuentros

Bajo los arcos centenarios que rodean el patio principal del convento, se despliega la Galería del Claustro: un espacio de paso que invita a detenerse. Este corredor, testigo del silencio y la contemplación de tiempos pasados, hoy acoge desde exposiciones temporales hasta encuentros distendidos, pequeñas tertulias o comidas con encanto.

Sus paredes pueden vestirse de arte o de palabras, de luces cálidas o recuerdos compartidos. Ya sea como pasaje entre estancias, salón auxiliar para eventos o rincón para descansar entre actividades, la Galería del Claustro conecta lo cotidiano con lo extraordinario.
Una frontera amable entre el interior y el alma del convento.


El Atrio del Sol

Un respiro de luz y piedra junto a la iglesia.

A los pies del antiguo templo y bajo la mirada serena de la fachada conventual, El Atrio del Sol ofrece un espacio exterior de calma y encuentro. Este amplio patio empedrado, bordeado por árboles y abierto al cielo, es ideal para celebraciones al aire libre, aperitivos entre horas o simplemente para disfrutar de la calidez del día. Un rincón donde el silencio se mezcla con la luz, y la historia se respira en cada piedra.

Bañado por la claridad del mediodía o acariciado por los tonos dorados del atardecer, este atrio se convierte en una prolongación natural del interior conventual. Su cercanía a la iglesia lo hace perfecto para recepciones tras ceremonias, presentaciones culturales o encuentros sociales en los que la atmósfera serena y la belleza austera del entorno elevan cada momento. Aquí, el tiempo parece detenerse para rendir homenaje a la luz.


La Exedra del Convento

Un anfiteatro natural para el descanso, el juego y la celebración

A espaldas del convento, La Exedra se despliega como una plaza semicircular rodeada de árboles que ofrecen generosa sombra en los días más cálidos. Este espacio ajardinado combina armoniosamente naturaleza y piedra para convertirse en un entorno ideal tanto para celebraciones al aire libre como para momentos de ocio familiar. Con columpios para los más pequeños y un diseño abierto que invita a la convivencia, La Exedra es el escenario perfecto para eventos informales, actividades culturales o simplemente para disfrutar del paso del tiempo.


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